‘Quince minutos’, un viaje a Nepal

El 29 de mayo de 1953 el alpinista neozelandés Edmund Hillary y el sherpa nepalí Tenzing Norgay alcanzaron la cima del Everest. Permanecieron quince minutos en el techo del mundo, a 8.848 metros. Fueron los primeros seres humanos en conseguirlo.

 

Lo lograron gracias a la motivación, el afán de superación, la confianza mutua y la colaboración. Estos mismos valores nos acompañaron durante la producción y rodaje de ‘Quince minutos’ en noviembre de 2017, documental realizado para la empresa Mutuavenir, que también se identifica con la hazaña y apostó con valentía por el proyecto.

 

La película cuenta la historia de Hillary y Tenzing a través de la voz de Jamling, hijo de Tenzing, y de Kancha Sherpa, el último testimonio vivo de aquella expedición. Durante catorce días descubrimos, a través de sus palabras, cómo aquella gesta de 1953 supuso para Nepal el comienzo de todo.


El viaje a Katmandú

Los cuatro miembros del equipo nos embarcamos en un viaje que nos iba a hacer aprender más de lo que nunca hubiéramos imaginado. Fueron, primero, semanas de preproducción y documentación. Las dedicamos, sobre todo, a dar con Jamling Tenzing. Muchos nos ayudaron en esta etapa previa. Entre otros, Koldo Aldaz, quien creyó desde el primer momento en el proyecto y nos tendió su mano sin dudarlo.

 

En noviembre de 2017 viajamos a Katmandú, capital de Nepal, en el corazón de la cordillera del Himalaya, muy cerca del monte Everest. Queríamos conocer de primera mano la especial relación que mantuvieron Hillary y Tenzing, descubrir el secreto de su gran hazaña. Quién nos diría que, para conseguirlo, nuestras cámaras tendrían que ascender a 4.100 metros de altitud por el valle del Khumbu y sobrevolar en helicóptero el campo 2 (a 6.000 metros) de la ruta a la cima del Everest. Solo había una oportunidad para grabar todo lo necesario y teníamos que estar preparados para encontrarnos con cualquier situación inesperada.

En Katmandú, hicimos una ofrenda a Buda en la stupa de Bouddanath para que la expedición resultase exitosa. Aquí nos reunimos con Jamling. Fue un primer encuentro mágico. Con él emprendimos después el camino hacia Namche Bazar, donde nos encontraríamos con Kancha, último testimonio vivo de la expedición al Everest de 1953.

 

El aeropuerto de Lukla, segunda etapa del viaje nepalí, se considera el cuarto más peligroso del mundo, aunque muchos allí aseguran que es el más peligroso. Algunos datos no dejan lugar a la duda: una única pista de aterrizaje, de un solo carril y solo 450 metros de longitud. En un extremo, un acantilado; en el otro, un muro. Pese a los augurios y la tensión que se respiraba durante el viaje, el aterrizaje resultó sorprendentemente suave.

Kancha Sherpa, el último testimonio vivo de la expedición de 1953.

Thame es la humilde aldea en la que se asentó la familia (en la foto que muestra) de Jamling Tenzing Norgay.

Kancha Sherpa nos abrió las puertas de su casa para grabar algunas declaraciones.

Por el valle de Khumbu

Desde Lukla iniciamos el trekking por el valle de Khumbu. Para llegar a Namche Bazar, el único modo de hacerlo es a pie. Por caminos escarpados cubiertos de polvo y piedras, transitan personas, animales y mercancías. Íbamos físicamente preparados, pero no podemos olvidar la dificultad que suponía respirar y los mareos que nos daban por la falta de oxígeno conforme ascendíamos. Por suerte, el tiempo nos acompañó a lo largo de toda la caminata, ya que el día que más frío hizo el termómetro marcaba cinco grados.

 

Durante todo el trayecto fue esencial la colaboración de dos porteadores y dos sherpas que nos ayudaron a trasladar el equipo. La parte más dura de esa adaptación a la altura llegaba por la noche. Era muy complicado dormir y había días en los que apenas lo conseguíamos. Aún así, el esplendor de la naturaleza hizo que la andada fuera un disfrute.

 

A cada paso, el paisaje nepalí se impone. Tuvimos que cruzar puentes colgantes, al igual que numerosos turistas y animales como yaks y burros. El camino estaba lleno de vida. Atravesamos aldeas como Nurnig, Phakding y Monjo. En todos los rincones nos encontrábamos con banderas de oración, monumentos budistas y muros manis.

Desde Lukla, comenzamos el trekking por el valle de Khumbu, ya que el único modo de llegar a Namche Bazar es a pie.

Huellas del destino

Y así alcanzamos la ciudad más grande y desarrollada del valle de Khumbu. Namche Bazar está situada a más de 3.400 metros de altitud. Sólo está a 20 kilómetros de Lukla, pero supone día y medio de travesía por intrincados caminos y senderos. Sus callejuelas están repletas de pequeñas tiendas frecuentadas por visitantes y expedicionarios. A nuestro paso, los lugareños hacían reverencias a Jamling. Todos le saludaban cariñosamente. Saben que es el hijo del padre de Nepal, y nosotros lo entendimos entonces.

 

Pero también queríamos conocer la pequeña aldea donde creció Tenzing Norgay, el padre de Jamling, llamada Thame. El monasterio emplazado en Thame es el que marcó el destino de los sherpas de Nepal. Los monjes decidieron que el padre de Jamling no debía quedarse con ellos ya que —pensaban— estaba destinado a grandes cosas. Después de unos días en Thame, regresamos a Namche Bazar para reunirnos —por fin— con Kancha Sherpa.

Homenaje a Tenzing

El trayecto y todas las dificultades que superamos tenían un objetivo: el homenaje que Jamling y Kancha rindieron a quien los sherpa llaman padre, Tenzing Norgay. En Namche Bazar subimos hasta la estatua que se erigió en 2014 en honor a este. Fue un momento que siempre recordaremos. Pese a nuestra presencia y a la de las cámaras, Jamling y Kancha se acercaron al monumento, recitaron unas plegarias budistas y colocaron las ofrendas que llevaban cada uno. Jamling depositó una kata adquirida en Katmandú y bendecida en el monasterio de Thame; Kancha dejó un puñado de caramelos, lo mismo que hizo Tenzing cuando conquistó la cima hace más de sesenta años.

 

Cumplido el objetivo, metimos todo lo vivido en la maleta y pusimos rumbo de vuelta a casa. Volvimos aprendiendo mucho más y descubriendo muchas más experiencias de las que teníamos en mente en un principio. Nos llevamos muchas cosas, pero, sobre todo, a los protagonistas de nuestra historia.

 

Todavía hoy mantenemos el contacto con Jamling, el hijo del padre de Nepal, sin el que este proyecto no hubiese sido posible. Nos dio mucho más de lo que le pedimos.

Momento de la grabación del homenaje que hicieron Jamling Tenzing Norgay y Kancha Sherpa a Tenzing Norgay.

Kancha Sherpa dejó un puñado de caramelos en el pie de la estatua como homenaje a Tenzing Norgay, al igual que hizo el sherpa nepalí cuando conquistó la cima.