Nostalgia

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Ayer por la noche, me encontré viendo en el IPad viejas canciones de Metallica y de Pearl Jam. Y si, ya lo veis, tuve un ataque de eso que llaman nostalgia. Recordé la cantidad de viajes que me hice Pamplona-Madrid-Pamplona con un Punto rojo a 140, con las ventanillas bajadas, 4 cigarros y el cassete a tope. Si, si, que no hace tanto tiempo que en el coche teniamos el radio-cassete, sin CD. Recordé los sábados sin horas, las sirenas de mar, a mis amigos, al tiempo libre. Pero no solo me acordé de todo eso. También pensé en Madrid. En los 11 años de mi vida que pasé en la capital.

Pensé en la cantidad de gente que he conocido y se ha quedado atrás. Gente que tuvo una influencia decisiva en que ahora esté aquí. Para bien o para mal. Y gente que tuvo la paciencia y el criterio (cuanto abunda la falta del mismo…) para enseñarme que se podían ver las cosas de forma distinta. Que no todo en televisión era sota, caballo y rey. Y que si no traes los goles, no pasa nada. Ahora que leemos y hablamos mucho de la innovación, del detalle, del cuidado por el producto, recuerdo a esa gente que fue innovadora a fuerza de ser joven y de querer cambiar las cosas. Y que hacía un producto excelente, distinto y radicalmente nuevo. Mucho de lo que pasa ahora aquí dentro viene de ahí. Las formas de mirar no son las mismas. La manera de afrontar la realidad no es la misma tras pasar por las experiencias que tuvimos la suerte de pasar. De un modelo de televisión que al principio nadie entendía, pero luego todo el mundo admiraba. Trabajar en Canal + era una seña de identidad, un halo, un sello imborrable. Y su mirada, más cercana a la publicidad que a la televisión en si misma, la que nos moldeó para esta profesión.

Ahora da mucha pena ver como están las cosas.

Sería injusto si me pusiese aquí ahora a enumerar a gente. Seguro que me dejaba a alguien. Pero todo el mundo que se de un poco por aludido con estas letras, está en la lista. Ahora recuerdo hasta con cierto cariño a la gente que no podía soportar en su día.
No se si nunca os lo dije, pero gracias.

Va por vosotros.

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Pedradas

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Esta semana, viendo un día la tele, me encontré con Ferran Adriá. Le vi sonreir. Y le oí decir que es uno de los tipos más felices del mundo por que se lo pasa pipa. Más tarde, en la radio, escuche a Gasol. Se arrancó a cantar con Estopa. Para dormir, finalice con la bio de Steve (San Steve...), que cuenta su lucha por crear los mejores productos de la historia y su pasión por su empresa. Por su manzana.

Vaya cracks. Los tres, como diría Andrés Montes, tienen una sonrisa de auténticos jugones. Da gusto ver como, cada uno en su disciplina, han sido capaces de brillar tanto, que son tremendamente felices. Y nadie les ha regalado nada. Diréis: bueno si, a Gasol le han dado un físico privilegiado. Y es verdad. Pero, este verano, leí una entrevista a Ibaka donde decía que cada vez que llegaba al gimnasio, Pau ya estaba. De Adriá, que decir. Otra frase suya: “Yo soy creativo. Lo he desarrollado en la cocina, pero mi profesión es la creatividad”.

Querría centrarme más en Jobs. Una vez leída la biografía, te das cuenta de que era un cabronazo. Egoísta, maleducado, capaz de humillar a cualquiera en cualquier momento, que aparcaba en la zona para minusválidos…. Vamos, un primor. Alguien al que como jefe, debía ser de los más odiados. Y eso es algo, que no comparto. Espero si algún día soy jefe de algo o alguien, ni rozarme con esa cultura de la presión maleducada. Y desagradable.
Pero las 3 últimas páginas del libro son una lección. Una lección de pasión por hacer las cosas mejor que nadie. Por dar una vuelta más de rosca a las cosas. ¿Cuantas veces nos conformamos con estándares de calidad que no nos convencen?. ¿Que no terminan de cerrar lo que tenemos en la cabeza?. Que difícil es tener esa concentración como para eliminar todo lo superfluo de los productos (llamense IPad, llamense vídeos…) y “focusarse” solo en lo importante, en lo esencial, en la comunicación perfecta y su experiencia que transmite el trabajo que realizas. Que difícil es separar lo urgente de lo importante.
Me ha maravillado esa capacidad de concentración. De enfoque. De vuelta sobre la vuelta sobre la vuelta sobre la vuelta de la misma tuerca. De ver la línea que separa el producto del “PRODUCTO”. Y llegar casi a la obsesión por llevar adelante, para sus clientes y su empresa, lo mejor de lo mejor.
En fin, que me ha encantado el libro y muchas de las cosas que de el se pueden aprender. Hace poco, se lo regalé a un amigo. Le dije: “tu empresa te agradecerá que lo leas. Tus empleados, no lo se”.

Aquí os dejo otra de las cosas en las que era uno de los mejores. Las presentaciones.

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