Pedradas

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Esta semana, viendo un día la tele, me encontré con Ferran Adriá. Le vi sonreir. Y le oí decir que es uno de los tipos más felices del mundo por que se lo pasa pipa. Más tarde, en la radio, escuche a Gasol. Se arrancó a cantar con Estopa. Para dormir, finalice con la bio de Steve (San Steve...), que cuenta su lucha por crear los mejores productos de la historia y su pasión por su empresa. Por su manzana.

Vaya cracks. Los tres, como diría Andrés Montes, tienen una sonrisa de auténticos jugones. Da gusto ver como, cada uno en su disciplina, han sido capaces de brillar tanto, que son tremendamente felices. Y nadie les ha regalado nada. Diréis: bueno si, a Gasol le han dado un físico privilegiado. Y es verdad. Pero, este verano, leí una entrevista a Ibaka donde decía que cada vez que llegaba al gimnasio, Pau ya estaba. De Adriá, que decir. Otra frase suya: “Yo soy creativo. Lo he desarrollado en la cocina, pero mi profesión es la creatividad”.

Querría centrarme más en Jobs. Una vez leída la biografía, te das cuenta de que era un cabronazo. Egoísta, maleducado, capaz de humillar a cualquiera en cualquier momento, que aparcaba en la zona para minusválidos…. Vamos, un primor. Alguien al que como jefe, debía ser de los más odiados. Y eso es algo, que no comparto. Espero si algún día soy jefe de algo o alguien, ni rozarme con esa cultura de la presión maleducada. Y desagradable.
Pero las 3 últimas páginas del libro son una lección. Una lección de pasión por hacer las cosas mejor que nadie. Por dar una vuelta más de rosca a las cosas. ¿Cuantas veces nos conformamos con estándares de calidad que no nos convencen?. ¿Que no terminan de cerrar lo que tenemos en la cabeza?. Que difícil es tener esa concentración como para eliminar todo lo superfluo de los productos (llamense IPad, llamense vídeos…) y “focusarse” solo en lo importante, en lo esencial, en la comunicación perfecta y su experiencia que transmite el trabajo que realizas. Que difícil es separar lo urgente de lo importante.
Me ha maravillado esa capacidad de concentración. De enfoque. De vuelta sobre la vuelta sobre la vuelta sobre la vuelta de la misma tuerca. De ver la línea que separa el producto del “PRODUCTO”. Y llegar casi a la obsesión por llevar adelante, para sus clientes y su empresa, lo mejor de lo mejor.
En fin, que me ha encantado el libro y muchas de las cosas que de el se pueden aprender. Hace poco, se lo regalé a un amigo. Le dije: “tu empresa te agradecerá que lo leas. Tus empleados, no lo se”.

Aquí os dejo otra de las cosas en las que era uno de los mejores. Las presentaciones.

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